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Tengo 50 años, soy fan de KC desde la adolescencia. Me gustan muchos grupos e intérpretes de rock, pero KC les lleva una enorme ventaja a todos en mi ranking de gustos y pasiones. Su música me acompañó durante casi toda mi vida, cotidianamente, y no podría faltarme. Uno de mis hobys es haber creado y actualizar desde hace años un sitio web sobre la banda, y nunca lo subí a Internet, es solo para mí. Esta intro es solo para recalcar que no juzgo al veterano prog anónimo, porque sería juez y parte. Pero respondo solo para aportar datos lo más objetivos posibles, y también sensaciones. El arte es parte de nuestra vida, de este mundo , de esta sociedad, pero de diferentes formas. EN este mundo consumista, el arte en general es parte de la rueda de hacer dinero, millones de artistas con casi nada de talento pululan por rankings, top tens, video clips televisivos, telenovelas y progamas de chimentos. Entretienen. Pero hay muchos artistas, aunque en general son minoría, que hacen lo suyo con pasión, para expresarse, para provocar emociones nuevas, para impactar sensitivamente a quienes prueban su producto artístico. No tienen como objetivo un cheque con gran suma a cambio de cualquier cosa. Buscan, prueban, transgreden estructuras, esquemas conocidos, sin importar si serán aceptados o no por la gente. En realidad, históricamente, los más grandes artistas que revolucionaron el arte y por lo tanto pusieron un grano de arena para el desarrollo de la humanidad, no fueron aceptados masivamente por sus contemporáneos. Dentro del ambiente del rock, Fripp es de este tipo de artistas. Siempre buscó, probó, experimentó, intentando no repetirse. Tocó con muchísimos otros artistas que lo respetan, colaboró en otros proyectos ajenos, pero nunca concedió. Desde siempre tuvo un estilo original como guitarrista, casi imposible de imitar o de no reconocer. Desde 1982 tiene su propia afinación, creada por él, con la que puede crear e interpretar mejor que con la afinación tradicional. Quizás por eso siempre se lo "acusó" de snob, egocéntrico, intransigente, hasta déspota (se suele decir que él echaba a los músicos que se iban de KC, cuando en realidad ellos lo abandonaban a él, ya que el camino que él eligió era más difícil y duro que en cualquier otra banda de rock). Pero hay datos comprobados que dicen lo contrario. Cuando se quebró el primer KC porque se iban MacDonalds y Giles, Fripp les propuso salirse él de la banda si eso salvaba esa nueva idea que estaba tomando fuerza. Cuando deja Lake, se desmolariza totalmente, casi disuelve el grupo, a tal punto que le pregunta a Lake si él y Emerson gustarían de tenerlo como guitarrista en el nuevo grupo que conformarían. Sin rencores, invita a MacDonalds , después de un tiempo, a participar de la obra maestra Red. El tema Trio, editado en Starless and bible black, es una improvisación en escena y se llama así porque tocaron Fripp, Cross y Wetton. Bruford no tocó uno solo de sus instrumentos, porque sintió que no era necesario, porque el tema estaba saliendo bello. Sin embargo, en el disco este tema está firmado por los 4, porque sus compañeros creyeron que su silencio fue activo, fue un silencio musical, colaboró a cómo salió el tema. A fines del 74, cuando KC empezaba a ser popular y muy exitoso, decide no solo disolver KC (porque el resto de sus integrantes no aceptaron seguir con la banda sin él) sino que se desligó de la industria musical por años, porque sintió que la parafernalia que rodeaba la música, la fama, la masividad, estaban ganando a sus ansias de constante evolución y cambio. En el KC de los 80 la música de todos los temas está firmada por el grupo, independientemente de quién la compusiera (y sabemos que él es uno de los más prolíficos compositores). Además invitó a formar parte del grupo a otro eximio guitarrista. Ya no estaba solo su guitarra, había dos. Siempre luchó contra las grandes discográficas, hasta que después de años de lucha legal, adquiere los derechos de sus productos artísticos y funda su propio sello donde prioriza con los artistas la ética y el arte por sobre los aspectos económicos. Siempre le ofrecieron hacer grandes recitales en grandes estadios, como hacen otros grupos, pero nunca aceptó, y siempre eligió teatros acordes al tipo de música que interpretaba , porque siempre consideró que había que respetar a la audiencia y a la música, y que un recital en un gran estadio era más un espectáculo mediatizado por la música que un buen evento musical. Cuando vino a Argentina en los 90, sus organizadores hasta clausuraron un sector de un teatro donde tocarían, porque no se veía ni se escuchaba bien. Cuando lo fui a ver a un teatro de Mar del Plata en el 94 (a él , sus soundscapes y Los Gauchos Allemands), al finalizar el concierto salieron los 4 músicos por el pasillo de la sala. Al salir los espectadores, nos encontramos con ellos tocando guitarras acústicas en el hall, y todos nos sentamos alrededor. Puedo estar de acuerdo o no con algunas de sus ideas, puede gustarme o no su música, pero no puedo dejar de respetarlo como persona y como artista. En cuanto al tema de la depresión, es un tema muy subjetivo, pero tiene más que ver con que si su música te conmueve o no. A mí me conmueve profundamente, y me exita, como ninguna otra música. Y gozo de esos momentos en los que me hacen sentir. Aunque a veces sienta pena. La música de KC no puede empaquetarse. Produce sentimientos. A veces conocidos, porque reflejan, a su modo, la realidad. Pero refleja todos los climas posibles, tremenda locura, y al instante incontenible ternura. Como nuestros días. Pero con música. A veces refleja la subrealidad. Y muestra cosas insospechadas. O sospechadas pero no asumidas. Y a veces la irrealidad. Momentos que parecen de otro lugar y otra época. Puertas de que todo puede ser de otra forma, distinto a lo que vivimos cotidianamente. Cómo no sentir algo de pena con Epitaph, si es un himno sobre la miseria humana, solo que con hermosos tonos. Cómo no impactarse con el rostro de la primera tapa, si hasta podemos reflejarnos en él. Cómo no conmovernos con el rostro (que no se ve, lo imaginamos) de la tapa de The power... , atrás de la máscara antigas (es el mismo rostro que el de la primera tapa?). Cómo no angustiarse con tanta realidad junta, cruda, desnuda. Pero a la vez nos relajamos con Lady of the dancing water, nos exitamos con el solo de The sailor tale, nos taladra el cerebro la guitarra del tema Starless, nos divierte el Prozak Blues. Y así vivimos. Estamos vivos.
Ruben Campitelli. Argentina, Junio de 2007
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